martes, 12 de enero de 2010

Riego en tomate bajo invernadero



El cultivo de tomate en invernadero desarrollado en la Provincia de Quillota está asociado normalmente a un equipo de riego tecnificado, cuyas partes principales son la fuente de agua (pozo, canal, etc.), el cabezal de riego (bomba de impulsión, sistema de filtrado, sistema de fertirrigación y programadores, entre otros), red de distribución de agua (tuberías principal, secundarias y terciarias) y emisores, entre los que sobresale la cinta de riego.


Alternativas al uso de cintas en el riego.

El riego tecnificado ha supuesto un incremento significativo en la eficiencia de los sistemas de producción de tomate en invernadero. Esto se debe principalmente al aumento de la eficiencia en el uso de fertilizantes y una disminución de la mano de obra. Sin embargo, estos sistemas de riego también poseen algunos costos que el agricultor debe tratar de disminuir. Uno de estos es el cambio de cintas de riego cada dos temporadas.
Un estudio llevado a cabo por INIA, entre los años 2001-2004, analizó las diferencias económicas y técnicas entre el uso de las cintas de riego y tuberías con goteros a 40 centímetros.
Debido a que las cintas tienen emisores cada 20 centímetros , la disposición de los goteros se hizo poniendo las dos tuberías desplazadas de modo que los goteros quedarán también a 20 centímetros aproximadamente (disposición en quincunce). Considerando lo anterior se logró un mojamiento continuo en toda la mesa con ambos emisores logrando una banda de mojamiento donde se desarrolló el sistema radicular del cultivo. El desarrollo vegetativo y la cosecha no presentó diferencias estadísticas significativas entre los dos tipos de emisores.
Sin embargo, al comparar los costos que implica cada tipo de emisor, se determinó que el uso de cintas de riego conduce a rentabilidades de cultivo 8% menores que las obtenidas cuando se usó goteros. Esto se explica por la mayor duración que tienen las tuberías de goteros, aproximadamente diez años, en contrate con la duración de la cinta de riego que, dependiendo del cuidado con que se use, en promedio tiene una vida útil de dos temporadas o un año.
Programa de riego para el cultivo de tomate bajo invernadero en Quillota.
Programa de riego para el cultivo de tomate bajo invernadero en Quillota.

Manejo del riego.

El riego en el tomate, como en todos los cultivos, juega un papel fundamental en la determinación de los rendimientos y calidad del fruto. Un adecuado suministro hídrico implica que las cantidades proporcionadas, deben estar de acuerdo a las necesidades reales del cultivo de manera de obtener un apropiado desarrollo vegetativo y reproductivo, permitiendo a la planta soportar mejor las inclemencias del medio ambiente debido al vigor. Los coeficientes de cultivo tanto para la producción de tomate de otoño como el tomate primor tardío, dependían de las variables agroclimáticas y agronómicas en el desarrollo del cultivo. Los valores de los coeficientes de cultivo encontrados, aparecen en los gráficos (ver gráficos).
Para realizar un programa de riego se necesita de los coeficientes de cultivo, el caudal del emisor, la eficiencia del sistema de riego y el área de mojamiento. Un ejemplo de programa para la comuna de Quillota aparece en el siguiente cuadro.
Una vez calculado el tiempo de riego, se define la frecuencia de riego dependiendo de la retención de humedad de suelo y de las condiciones atmosféricas. Probablemente suelos con mayor contenido de arcilla y profundos, retendrán mayor cantidad de agua que suelos livianos y superficiales.
Debido a la dificultad del uso de bandejas de evaporación al interior de un invernadero para estimar el tiempo de riego y la frecuencia, se utilizarán batería de tensiómetros a distintas profundidades, riegómetros y/o lisímetros. Los primeros se colocan normalmente de a par, uno a 30 cm y otro a 60 cm, con el objeto de determinar la frecuencia y el tiempo de riego, respectivamente. En suelos arcillosos, el momento de regar ocurre cuando los tensiómetros están cercanos a 20 cb. Y en suelos arenosos cuando el valor se aproxima a 10 cb. El caudalímetro se usa para ir comparando el caudal efectivo del emisor con el caudal teórico. Normalmente abarca un metro de longitud y se ubica en el centro de una mesa.
El lisímetro se utiliza para monitorear el programa de riego, para esto se colecta el agua de drenaje del lisímetro y se compara con el volumen de agua aplicado, aceptando normalmente un drenaje del 10 al 20%. También se puede medir el pH y la conductividad eléctrica del agua lixiviada.
Coeficientes de cultivo
Coeficientes de cultivo

Efecto del primer riego después del trasplante.

Después del transplante, es deseable equilibrar el área foliar respecto al sistema radicular. Algunos factores ambientales actúan sobre esta relación: luz, temperatura y disponibilidad hídrica son los más importantes.
La falta de agua hace que la planta aumente la proporción de raíces con respecto a la parte aérea. Esto posiblemente sea debido a la síntesis de ácido absícico (ABA) en el mesófilo foliar, lo que conduciría a la inhibición del crecimiento de la parte aérea y aumento del crecimiento radicular.
El tiempo entre transplante y primer riego, también conocido como “seca”, es un manejo que tiene por objeto, como se indicó anteriormente, inducir un crecimiento en profundidad del sistema radicular del tomate. Al no regar por un periodo de varios días (15 a 25 dependiendo del tipo de suelo y la época del año) las raíces crecen en profundidad, generando así un sistema radicular amplio y bien desarrollado que permite posteriormente producciones altas y de calidad.
Al medir el potencial hídrico xilemático en tomate de otoño, como indicador del estrés hídrico de las plantas, se registran valores en el periodo de “seca” menores a los valores del periodo de riego, mientras que el cierre estomático ocurre a potenciales hídricos xilemáticos mayores. Por lo tanto, el manejo denominado “seca”, tiene el objeto de disminuir el contenido de humedad del suelo como estímulo al desarrollo del sistema radicular, pero sin problemas de generar problemas de estrés hídrico al cultivo.
Esta técnica es útil sólo durante al etapa vegetativa. Luego de la misma, el crecimiento radicular cesa y no hay posibilidades de aplicarla convenientemente.

Efectos fisiológicos de un déficit hídrico.

El estrés hídrico puede afectar un amplio rango de procesos en la planta de tomate, pues el agua interviene entre otras funciones en la expansión y crecimiento celular, la abertura automática y la fotosíntesis. La expansión celular es el proceso que se afecta frente a un déficit hídrico, esto debido a la sensibilidad y pérdida de turgencia que causa el cambio del potencial de presión en la célula, manifestándose como una reducción del crecimiento del follaje.
Por otro lado, se reduce la transpiración, hecho que produce un aumento de la temperatura del follaje por efecto termorregulador del agua, causando un alza en la respiración de la planta.
El riego debe estar de acuerdo a las necesidades reales del cultivo. Sólo así se obtendrá un apropiado desarrollo vegetativo y reproductivo.
Los efectos de un déficit hídrico pueden llegar a ser muy negativos en un cultivo, en especial si éste se encuentra en una etapa de crecimiento y desarrollo. Sin embargo, este efecto será diferente dependiendo del estado fenológico en que la planta se encuentre, la intensidad y duración del estrés al que se someta y de la época del cultivo.
Si bien el aumento de conductividad trae aparejada una mejora en la firmeza, puede ser desventajoso al provocar una mayor incidencia de pudrición apical.

La pudrición apical es una enfermedad fisiogénica originada en una deficiencia de calcio localizada en el extremo distal del fruto, que puede deberse entre otros factores a: falta de Ca en el suelo (paradójicamente suele ser una causa menos frecuente), bajo contenido de humedad en el suelo, problemas en la absorción por competencia con otros cationes (en especial K y NH4) y /o por dificultades en la traslocación en la planta (diferencia entre variedades).
El calcio sólo se mueve por xilema, y debido a que los frutos transpiran poco, el agua llega a ellos mayoritariamente por el floema. De esta forma, el calcio sólo podría entrar en ellos cuando la presión de raíz es importante y la transpiración de las hojas baja. Si la entrada de Ca al fruto se ve disminuida, al aumentar éste rápidamente de volumen se produce una disminución realtiva de su contenido de Ca, hasta que la zona más alejada del pedúnculo presenta la deficiencia del elemento, con una posterior síntesis de etileno y los síntomas ya conocidos. En ese sentido un aumento en la conductividad perjudica la absorción de Ca y puede provocar la aparición de los síntomas.
Asociado con problemas de Ca se cita otro desorden fisiológico denominado blotchy ripening (maduración desuniforme del fruto) que es la aparición de zonas verdosas en los frutos maduros, que se corresponden con áreas de color marrón en el parequima del fruto, ocasionadas por un exceso en el contenido de Ca en asociación con un genotipo predisponente.
Un manejo adecuado del riego, además de prevenir los problemas de pudrición apical, debe considerar el efecto sobre el rajado de frutos o cracking. Existen tres tipos de “cuarteadora”, uno originado en condiciones de alta humedad dentro del invernadero, lo que hace que se deposite rocío sobre los frutos, los que al estar expuestos a la radiación sufren pequeñas rajaduras dándole a la epidermis un aspecto áspero y corchoso. Las otras dos formas son debidas a problemas hídricos dentro de la planta y consisten en rajaduras radiales o concéntricas (según el genotipo) originadas en un aumento en el contenido de agua de los frutos que no se corresponde con un crecimiento en la epidermis del fruto. Las causas pueden estar dadas por riesgos poco frecuentes, con las consiguientes fluctuaciones en el potencial hídrico, o bien responder a un aumento en la presión radical, es decir la absorción activa de agua, que al no ser eliminada durante la noche por transpiración (sólo por gutación) tiene ese efecto.

Control del riego

La aplicación de un programa de riego debe ser evaluada. Hoy en día existen controladores tanto a nivel de planta como de suelo, estos pueden complementar el uso de los lisímetros. Entre los primeros destaca el uso de dendrómetros que miden la contracción y dilatación del tronco de las plantas o de un fruto, y la cámara de presión (Bomba de Schollander), que mide la tensión del agua en el xilema (PHx: potencial hídrico xilemático).
La planta sufre condiciones de estrés hídrico cuando el potencial del agua foliar baja de valores -0,9 Mpa o –0 bares, desencadenándose la síntesis de ácido absícico; esta hormona detiene el crecimiento del ápice terminal y las yemas laterales, con ello hay mayor disponibilidad de fotoasimilidos para el crecimiento radicular o el abastecimiento de flores.
En la V Región, entre las temporadas 2002 y 2004, se realizaron varios experimentos en tomates, para evaluar la mejor forma de medir el PHx a través de cámara de presión . De los resultados obtenidos se desprende que el PHx en tomates bajo invernadero presenta valores estables entre las 13:00 y 17:00 horas (mediodía), donde se ha observado los mínimos potenciales. Los valores PHx a mediodía sin restricción hídrica varían entre –0,40 y –5 Mpa. Por lo cual el tomate podría volverse a regar cuando alcance valores entre –0,60 Mpa o mantenerse con PHx entre los –0,4 a –0,6 Mpa. Además, en las hojas se puede medir el PHx a lo menos 15 minutos después de cubiertas, que en ese tiempo se logra que el potencial hídrico de la hoja se equilibre con el del brote. Por otra parte, las hojas una vez cortadas de la planta deben medirse en un lapso de tiempo no superior a los tres minutos. Las hojas que presentan menor variabilidad al medir el PHx son las hojas maduras, expuestas al sol.
El uso de la cámara de presión en tomates ha permitido controlar eficazmente el riego, valores más negativos que –0,9 Mpa indicarían un estrés por falta o por exceso de agua. Si el suelo está seco, la planta tendrá valores negativos por escasez de agua, presentando síntomas de déficit hídrico. En cambio, si el suelo está con exceso de humedad las raíces no tendrán oxígeno, lo cual impedirá que el agua sea absorbida por la planta.
Los sensores de humedad de suelo miden el contenido de agua de éste o el potencial de agua en el suelo (tensiómetro). Sin embargo, la precisión de esta medida depende directamente de la ubicación del instrumento con respecto al sistema radicular del cultivo.

Fuente: Revista Chileriego Edición Nº 23

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada