lunes, 9 de agosto de 2010

La lombricultura, poderoso aliado de la explotación agrícola

La utilización de la lombriz de tierra como herramienta en los campos agrícolas, pretende optimizar al máximo las funciones que por naturaleza cumple en su medio, ello permite conservar e incrementar la fertilidad del suelo, el aceleramiento en la descomposición de desechos orgánicos, además de que evitan la erosión del terreno.

Todo esto convierte a este gusano en un poderoso aliado y parte integral del sistema productivo.

El estudio formal, científico y detallado que dio la base para el reconocimiento y valoración de las lombrices de tierra, se debe sin duda a Charles Darwin, quien dedicó su último libro al estudio de la formación de la tierra vegetal por la acción de las lombrices y observación sobre sus hábitos, en 1881.

La lombricultura, entendida como el término general de cultivar lombrices, ya sea para aprovecharlas para la pesca o para producir abono (lombricompostaje), es un tema que se popularizó más tarde.

En México, el estudio de la biología del suelo y la utilidad de las lombrices se inició en la década de los ochenta en el Instituto de Ecología, con los científicos Patrick Lavelle, Isabelle Barois y Carlos Fragoso.

En lo que respecta al rubro del lombricompostaje de residuos orgánicos, se reconocen dos vertientes principales: una directamente relacionada con la producción comercial de abono de lombrices (a partir de estiércol vacuno), a cargo de la empresa Lombrimex, en 1984, y la otra vertiente científica y de promoción técnica, a cargo del biólogo Eduardo Aranda Delgado –actual presidente de la Asociación Mexicana de Lombricultores–, que realizó en 1985, los estudios pioneros sobre el lombricompostaje de la pulpa de café, primero en el Instituto Mexicano del Café y después en el Instituto de Ecología, ubicado en Xalapa, Veracruz.

Eduardo Aranda, en entrevista con 2000Agro describió en forma detallada el sistema de lombricompostaje, término que define al cultivo sistemático e intensivo de lombrices composteadoras, que con su natural metabolismo e interacción mutualista con microorganismos degradadores del suelo, transforman los residuos orgánicos –de otra manera desperdiciados– y los convierten en abono o humus de lombrices, de utilidad para el crecimiento de las plantas y el mejoramiento de la fertilidad de los suelos.

El investigador puntualizó que no cualquier lombriz puede ser usada para transformar los residuos orgánicos, ya que a diferencia de las lombrices de tierra, que podemos encontrar en un jardín o el suelo de un bosque, las que se usan para el lombricompostaje pertenecen al grupo eco-fisiológico de lombrices epigeas, que comen exclusivamente materia orgánica. Son gusanos de rápido crecimiento, reproducción y consumo de materia orgánica. También se caracterizan por poder vivir en altas densidades de población (entre 20 mil y 30 mil lombrices por metro cuadrado) y que es posible manipularlas y cultivarlas sin causarles estrés o daños.

Las lombrices más extensamente utilizadas por su eficiencia para la degradación de los residuos orgánicos, pertenecen a la especie Eisenia andrei conocida como “lombriz roja de California”. También se utilizan y se pueden encontrar mezcladas Eisenia fetida (llamada lombriz tigre, por su coloración bandeada) y Perionyx excavatus, conocida como lombriz oriental de las compostas.

– ¿Cuáles son los beneficios de esta tecnología?

– La diferencia principal con respecto a otras técnicas de compostaje, es que se aprovechan las cualidades y trabajo de las lombrices para realizar una transformación digestiva, metabólica minuciosa y efectiva, que por sus características y resultados no puede ser igualada por ningún otro medio actual.

“De hecho, el trabajo lo realizan junto con microorganismos degradadores, a los que las lombrices favorecen y multiplican en su tracto digestivo. El resultado ofrece importantes compuestos reguladores de procesos biológicos de las plantas, como son las vitaminas, las hormonas, las enzimas y los antibióticos, dando como resultado un abono orgánico de alta eficiencia para el crecimiento de las plantas.”

Al cuestionarlo sobre las posibles desventajas de la técnica, Aranda Delgado comentó que entre éstas se encuentra la imposibilidad de forzar, adelantar o retardar el proceso, ya que es un método de carácter biológico o fisiológico natural, propio de las lombrices; la presencia de organismos vivos conlleva intrínseco un riesgo derivado de la mortandad de todos los gusanos, por alguna causa fortuita, que es poco probable pero posible; en algunos casos, la finura extrema del producto y, por tanto su relativo sobreprecio, puede limitar en algunos casos su utilización más extendida.

La técnica del lombricompostaje puede aplicarse prácticamente en cualquier residuo orgánico abundante, disponible y desperdiciado. Los residuos más utilizados son los de tipo agroindustrial, como la pulpa del café; la cachaza, de los ingenios azucareros; los pecuarios, como estiércoles de diversos animales (vacas, caballos, borregos, conejos y cerdos); los agrícolas, como los tallos de plátano; los urbanos están empezando a ser utilizados, pero aunque hay un gran potencial allí, existe todavía la gran limitante de su falta de separación en origen y por tanto se encuentran comúnmente mezclados con otras basuras inorgánicas y contaminantes diversos que pueden dañar la calidad del producto o a las lombrices mismas.

Aunque prácticamente cualquier terreno es apto para cultivar lombrices, los más aptos son los planos, firmes, de fácil acceso y comunicación, así como con suficiente disponibilidad de agua libre de contaminantes químicos o sales. La fertilidad del suelo no tiene importancia en el cultivo de las lombrices, pues de hecho los terrenos pobres pueden ser útiles y pueden mejorarse con la adición de los abonos que se producen, lo que incrementa su valor y cotización.

En el caso del abono de lombrices se puede utilizar en cualquier tipo de suelo, pues se trata de un producto natural similar al que realizaría la naturaleza en un bosque o selva, la única diferencia es que aquí el proceso se realiza de manera intensiva y sistemática, hace uso de residuos orgánicos puros (o mezclados) y abundantes, que se encuentran aislados de la naturaleza y que pueden causar contaminación ambiental o generar olores, moscas y animales indeseables.

Este abono contiene sustancias derivadas de la descomposición de la materia orgánica que le dio origen, nitrógeno orgánico y mineral, fósforo, potasio, elementos menores como calcio, magnesio, manganeso y una gran cantidad de microelementos de utilidad para las plantas.

Todos estos compuestos, de gran importancia e influencia para las plantas y el suelo, se encuentran en una dosis, de equilibrio óptimo. adicionalmente, el abono se encuentra poblado por una altísima cantidad y diversidad de bacterias, hongos y actinomicetes del suelo, que en rangos de billones por gramo de material, actúan y contribuyen a proveer a las plantas de los elementos y compuestos que necesitan.

Cada uno de los agregados de los que el abono de lombrices está compuesto se encuentra recubierto por una fina capa mucoproteica (membrana peritrófica) que además de dar sostén y sobrevivencia a los microorganismos del suelo presentes, también da estabilidad y estructura al abono en su conjunto; el resultado es una alta capacidad de retención de humedad y nutrientes, porosidad, y sobre todo resistencia a la erosión por la “quelación” de la materia orgánica y los ácidos húmicos (verdaderos imanes que retienen cationes minerales y sólo los liberan las raíces en sus procesos de absorción).

La siembra agrícola tradicional puede beneficiarse al utilizar el abono de lombrices, siempre y cuando sea obtenido como autoconsumo, al aplicar el lombricompostaje a residuos orgánicos disponibles en la propia parcela.

Los mejores usos que se pueden ofrecer con la lombricomposta son aquellos que reconocen y dan valor agregado al producto agrícola que se obtiene; como:

– los cultivos orgánicos, que otorgan sobreprecio por garantizar la utilización de insumos no contaminantes y prácticas de cultivo sustentables, en este caso se encuentran las hortalizas, las frutas y las verduras, que se exportan y se cotizan bien en el mercado nacional.

– los semilleros y viveros de plantas agrícolas, mismos que utilizan charolas de germinación (con pequeñísimas y numerosas celdas de crecimiento), en donde se requieren sustratos nutritivos de alta calidad, eficiencia y consistencia para la geminación y crecimiento intensivo de plántulas en invernaderos.

Por sus características naturales y propiedades, este producto no busca competir o sustituir a los fertilizantes químicos (a excepción de los cultivos orgánicos), pues además de tener propiedades como fertilizante biológico, se utiliza como mejorador de la estructura del suelo, como enraizador, como inoculante microbiano, como regulador del crecimiento o incluso como simple y eficiente sustrato de crecimiento.

El lombricompostaje sólo debe hacerse cuando existen condiciones de disponibilidad y oportunidad suficientes de materia orgánica aprovechable y abundante. Se inicia con la adquisición de adecuadas cantidades de lombrices o “pie de cría” y asesoría técnica. Se requiere terreno suficiente, agua y unas sencillas instalaciones y equipo, que pueden mejorarse paulatinamente, fruto de la misma actividad.

Según datos proporcionados por la Asociación Mexicana de Lombricultores, obtenidos de los principales centros de producción comercial, se calcula que existen menos de una decena de productores de mayor tamaño (que procesan entre mil y cinco mil toneladas anuales de residuos orgánicos), una veintena de medianos productores (entre 500 a mil toneladas anuales) y varios cientos de pequeños centros de producción.

Método de cultivo de las lombrices

Se realiza de manera muy diversa, según los materiales, las condiciones y aun la propia interpretación de cada cultivador, sin embargo, la gran mayoría utiliza camellones o literas tipo vivero, a suelo directo, ya sea con paredes de block, ladrillo, madera o bambú. Se prefiere áreas sombreadas por árboles y arbustos, o se colocan sombríos tipo enredadera con chayote, o también malla plástica, “pesma” (hojas secas de helecho), puntas de caña o incluso costalera vieja de ixtle.

El proceso operativo implica la adición gradual de los residuos orgánicos en capas superficiales sobre las literas para proveer de alimento a las lombrices, mismas que colonizan y consumen los residuos y los transforman diligentemente. La adición se realiza periódicamente hasta alcanzar un grosor suficiente que amerite su aprovechamiento o cosecha. El abono que se colecta, con algunas pocas cantidades de lombrices aún presentes, debe secarse a valores manejables de humedad (alrededor de 50 por ciento) y tamizarse para retirar restos de ramas, piedras y residuos no transformados, así como darle uniformidad y granulometría. El producto se encuentra naturalmente libre de semillas o patógenos y con un agradable olor a tierra fresca. Su color es café oscuro, casi negro y presenta una textura, porosidad y ligereza excepcionales.

Sistemas de comercialización

La comercialización del abono de lombrices se encuentra todavía en niveles poco desarrollados; la mayoría de las ventas se realiza en granel o en costales usados de rafia, sin etiquetas, marca o presentación elaborada. Sólo en algunos casos, la presentación del producto se hace en bolsas de plástico impreso en colores, con información relacionada con su contenido, origen, utilización, así como datos del fabricante, peso y código de barras. La unidad de medida y venta es el peso en kilogramos y las cotizaciones varían entre mil 200 y dos mil pesos la tonelada, en venta directa del productor al consumidor.

El abasto de las lombrices para iniciar una planta de lombricompostaje, debe realizarse a partir de centros reconocidos de reproducción de pies de cría o con criadores experimentados. Debe conocerse con claridad el origen de las lombrices, así como las cantidades abastecidas, avaladas y respaldadas por documentos probatorios. El transporte de las lombrices deberá hacerse dentro del sustrato en el que se desarrollan, en recipientes apropiados (tinas plásticas estibables) para reducir la mortalidad o estrés; se recomienda que su traslado lo efectúe el comprador, para ofrecer todos los cuidados y atención pertinentes. Cuando el traslado implica varios días en los recipientes, es posible añadir cantidades ligeras de sustrato orgánico fresco para abastecer de alimento durante el viaje.

El líder de los lombricultores, aseguró que la cantidad de abono que se produce actualmente no cubre la creciente demanda, ni siquiera podría abastecer un solo cultivo agrícola o región geográfica.

Cabe mencionar que la Asociación Mexicana de Lombricultores, AC es una asociación no lucrativa, constituida en 1999, por casi 25 lombricultores particulares, la mayoría situados en la zona centro de Veracruz, Estado de México, Distrito Federal, Oaxaca, Puebla, Texcoco y San Luis Potosí. La componen instituciones de investigación como el Instituto de Ecología, AC y de Capacitación y Desarrollo Rural (Uncader), además de organizaciones campesinas o cooperativas rurales de producción.

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